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lunes, 13 de junio de 2016

TODO #JONATHANSILENCIO GRATIS











Hola de nuevo, paciente lector.
Hoy Jonathan Silencio está de celebración. Estamos ultimando los detalles de su siguiente novela, con LABEL COMUNICACION trabajando en otra genial portada y un servidor repasando cada coma para ofreceros lo mejor que podemos hacer. Y lo celebramos ofreciendo GRATIS las dos primeras aventuras de nuestro detective.
El fin de semana, de viernes a domingo (días 17, 18 y 19), podéis descargar VIVIR EN EL INTENTO y DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE MUERE en Amazon. Y como siempre, estarán disponibles en papel y para su lectura en KindleUnlimited.
La tercera novela saldrá pronto, a tiempo para participar en el Concurso Amazon para autores independientes, y en dicho concurso vuestra opinión, vuestras descargas y la difusión que deis en la red tendrán una importancia capital. Así que me atrevo a pediros un segundo de vuestro tiempo para comentar, para hablar de Silencio con otros lectores o dejar unas palabras en Amazon. Es algo que ayudará a que el detective de lo preternatural pueda seguir existiendo. Porque, a fin de cuentas, sin vosotros no tiene sentido.
Enlaces para la descarga:



viernes, 20 de marzo de 2015

EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES 24

24
Extramuros

La noche cierra filas, no le importan los hombres ni sus motivos. La noche no entiende de cazadores de dragones, ni de caballeros al rescate. La noche sólo sabe que llega su hora, la hora de espantar al sol y limpiar la sangre con que el crepúsculo tiñó el cielo. En la Cañada Roja el crepúsculo parece capaz de permanecer anclado al suelo, resistiendo en un millón de amapolas los intentos de la noche por hacerse fuerte. Pero pronto la luna, ojo de cíclope cegado por el sol para cubrir su huida, se enseñorea del cielo y tiñe a su gusto el color de las amapolas. No es hora para los hombres, sino para los lobos.

viernes, 6 de marzo de 2015

EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES 23








23
Extramuros

¿Cuál es la peor clase de miedo? El miedo a lo desconocido, a la amenaza indefinida que representa siempre el futuro o a ese ruido en la oscuridad, esa sombra justo en el extremo de lo que podemos ver, es un miedo que nace de nosotros mismos, un miedo indefinido puesto que no conocemos la naturaleza del peligro. Somos padres de ese terror.
Cuando el miedo viene por la repetición de una experiencia, su fuerza se basa en la anticipación. El miedo a una enfermedad ya sufrida, a un ataque ya vivido, es un miedo diferente puesto que viene acompañado por el recuerdo de lo que padecimos en el pasado y como tal, somos hijos de ese terror.

viernes, 13 de febrero de 2015

EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES. 21








21
Intramuros

Costas camina entre las abarrotadas mesas con la satisfacción pintada en su rubicundo rostro. La taberna está llena, más llena de lo que es habitual, gracias al gran juicio que se celebra en la Cúpula de Justicia, a pocas calles del establecimiento. Decenas de ciudadanos aprovechan los descansos del proceso para comer algo, refrescar la garganta y comentar el desarrollo entre cervezas y aperitivos. La taberna de Costas es para todos ellos un oasis tranquilo donde pueden sostenerse opiniones enfrentadas sin miedo a las peleas, en gran parte porque los Verdugos son clientes habituales, y también porque el propietario mantiene poderosos glifos de protección sobre el local que impiden el uso de armas.

viernes, 19 de diciembre de 2014

EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES. CATORCE.





14
Intramuros

La tigresa avanza, solitaria, entre las casas abandonadas. Su rostro y su cuerpo están a medio camino entre la forma humana y la felina, formas sensuales de mujer cubiertas de pelo anaranjado. Las garras dispuestas, el oído atento, el pelo de su lomo y su cola erizado, estimulado por el olor de vida cercana.
Un leve ruido, apenas el roce de un pie descuidado sobre el suelo, llama su atención desde la casa más cercana. Con un salto, la tigresa llega al balcón del primer piso y entra en el edificio. Se desliza escaleras abajo. En la única estancia de la planta baja, un hombre permanece en pie, mirando hacia la puerta. La tigresa sonríe, pensando que será una presa fácil.
-Tigre... tigre que te enciendes en luz por los bosques de la noche –susurra el hombre, sin volverse-, ¿qué mano inmortal, qué ojo pudo idear tu terrible simetría?
La tigresa gruñe, frustrada, confusa. El hombre se gira con un crujido de cuero y hueso. Sus manos están enfundadas en guantes, los dedos terminados en largas garras de acero que muestra, retando a la teriántropo.
Su voz tiene algo de dulce, algo de burlesco.
-¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo? –pregunta con una sonrisa leve en su rostro.
La tigresa salta sobre él, transformándose por completo en bestia antes de llegar al suelo. Garras y dientes se cruzan con el acero en una danza nupcial de mariposas. La tigresa empuja con la masa inmensa de su forma animal, y Anteo retrocede sin perder el equilibrio, dejando que ella gaste su energía, que crea llevar la iniciativa. La bestia le empuja hasta una mesa contra la que espera hacerle tropezar, pero el nefárida conoce el terreno. A fin de cuentas, él lo ha preparado.
Salta hacia arriba y hacia atrás, girando sobre sí mismo y lanzando una patada al hocico de la tigresa mientras completa la voltereta, aterrizando de pie sobre la mesa. La bestia vuelve a su forma semihumana y coge el borde de la mesa, volcándola y empujando hacia delante para desequilibrar a su enemigo. Anteo salta hacia atrás mientras la tigresa empuja hasta que, de repente, el suelo bajo sus pies se hunde y cae con un gañido de sorpresa, que se convierte en un grito de dolor. El nefárida se asoma al pozo que la mesa ocultaba. Empalada en las estacas que cubren su fondo, la tigresa agoniza, convirtiéndose de nuevo en mujer. Anteo toma una lanza apoyada en la pared y atraviesa su pecho, rematándola.
-Uno –murmura para sí mientras sale en busca de nuevos combates.

Los tres soldados de Binah han apagado sus antorchas, fiándose de sus ojos crepusculares. El sargento de la patrulla ha muerto dos horas atrás, abatido por un francotirador, y saben que las antorchas delatan su posición y les convierten en blancos fáciles. Ahora los desorientados soldados recorren el laberinto de calles buscando a sus compañeros, a un oficial que les organice. Uno de ellos se detiene. Mira hacia un grupo de tres cadáveres apoyados en sendos postes de madera. La cabeza de uno de ellos yace a pocos centímetros del cuerpo, y los tres muestran varias flechas clavadas en el torso. Del cuello de uno pende una gruesa cadena de plata, y el soldado avisa a sus compañeros. El saqueo es siempre parte de una guerra, derecho de los vencedores, y los sueldos que paga Binah no son muy altos.
Los tres se acercan, vigilando los tejados cercanos, pero nada se mueve en las calles muertas. El cuerpo de la derecha tiene dos flechas clavadas en el pecho y uno de sus párpados ha sido segado, dejando el ojo derecho abierto a la eternidad. El central, del que pende la cadena de plata, muestra parte de las vísceras a través de una herida en el abdomen, y una flecha cruza su hombro, sujetándole al poste. Estos horrores no conmueven a los soldados. Como todo veterano de guerra, han visto demasiado, demasiadas veces. El primero de los soldados extiende su mano hacia la joya, y de pronto el cadáver de la derecha aferra esa mano, tira hacia delante y estrella al guerrero contra el poste. Antes de que los otros dos reaccionen, el nefárida arranca de su pecho las dos flechas y se lanza hacia delante, atravesando el ojo derecho de ambos. Caen al suelo entre espasmos, temblando hasta que sus cerebros se rinden a la evidencia de la muerte.
El nefárida pestañea con su único párpado, mientras el tercer soldado se aleja del poste, blandiendo su espada.
-Tienes una oportunidad para irte. Ahora –dice el nefárida.
El soldado parece dispuesto a atacar, hasta que se fija en las heridas de flecha en el pecho de su enemigo. Ya han cicatrizado. Retrocede varios pasos, aún con la espada en alto, y por fin se gira y huye por su vida.
-¡Dile a los tuyos que las calles son nuestras! –grita el nefárida, riendo.

La noche es larga para los soldados de Binah. Los primeros exploradores no regresan, o lo hacen con noticias sobre trampas, francotiradores y asesinos silenciosos. Las pérdidas son un goteo continuo, una sangría que no cesa hasta que los grupos son más numerosos. Sin embargo, cuando los contingentes crecen son más vulnerables a los ataques de francotiradores y arqueros. Pronto dejan un espacio libre, una franja de nadie más allá del alcance de flechas y rifles. Los teriántropos avanzan en manadas compactas, buscando la seguridad en el número. En la tierra que Espejo cedió a los nefáridas, la muerte tiene mil cartas que jugar.
Los soldados buscan un minuto de sueño, siquiera un suspiro de descanso, pero no hay lugar seguro para ello. Los nefáridas acechan en la sombra, surgen de fosas comunes donde han permanecido camuflados entre cadáveres, o incendian los edificios que pueden albergar al invasor. Algunos caen, acorralados por las tropas de Binah, siempre luchando hasta el final, siempre llevándose con ellos tantos enemigos como pueden. Son cazadores, asesinos para los que esta guerra es una competición en la que sólo importa matar más y mejor que el resto. Muchos de ellos son inteligentes, como Anteo, artistas de la muerte que escapan una y otra vez del cerco enemigo; otros son sólo bestias ansiosas, mentes enloquecidas por el ansia de cazar, e incluso por el deseo oscuro e irrefrenable de ser cazado. Ambos llevan la esencia de la destrucción en sus manos.
Pero no son suficientes para frenar el avance del ingente ejército. Poco a poco desaparecen entre las sombras, se ocultan en los escombros para atacar a los incautos que aún permanecen solos, a los mensajeros que van de una unidad a otra portando órdenes. El contingente invasor se organiza, y poco antes de la llegada de la luz están dispuestos para un ataque masivo. O al menos, tan dispuestos como es posible. Crispados, nerviosos, sin haber descansado en días, temiendo cada sombra, forman poco a poco una línea continua que trata de cubrir todo el perímetro. Desde las azoteas, sus arqueros disparan contra las trincheras enemigas, tratando de alcanzar a los sitiados, que responden de igual forma. La luz empieza ya su viaje por las calles de la Ciudad y pronto sonarán las trompetas.

Menendo, Fabián y sus compañeros en las trincheras ven reflejarse la luz sobre las lanzas enemigas. Las filas son compactas, un muro prieto de hombres que parece abarcar todo el perímetro. Tras ellos, intercalados para poder vigilarse mutuamente y ver la espalda del ejército, decenas de vigías se esfuerzan en prevenir los ataques de los nefáridas.
-Van a aplastarnos -dice uno de los soldados.
Menendo sonríe, aunque es una sonrisa crispada.
-Tenemos cierta ventaja sobre ellos -responde.
-¿Qué ventaja es esa?
-Bueno, son tantos que sólo con estirar el brazo de la espada, estaremos matando a alguno.
Los hombres ríen, nerviosos. Parece que ya nada detendrá la masacre. 

Pero antes de que el amanecer acorrale por completo a la noche, el Maestro de los Espejos regresa a la línea de trincheras. Su torso está cubierto de vendas, rojizas en muchos puntos. El brazo derecho cuelga inútil, y camina apoyado en su espada como si de un bastón se tratase. Aunque su aspecto es el de un moribundo, cabe preguntarse si el Señor de las Ilusiones no estará fingiendo con algún motivo oculto. Se levanta un rugido entusiasta entre sus filas, un golpeteo de lanzas y espadas contra escudos y petos, un aplauso marcial y salvaje que muestra el respeto por su valor. Como último hombre en defender la empalizada, el Maestro ha crecido todavía más a los ojos de sus seguidores. Y sin embargo algunos, como Eiszeit, aún se preguntan qué objetivo tenía esa inútil defensa. Espejo no es tan visceral como para dejarse arrastrar así a una muerte cierta, de la que le ha salvado una mezcla extraña e imprevisible de fuerza, suerte y la ayuda de un enemigo. 
Eiszeit trata de desentrañar las intenciones ocultas de Espejo, y cree tener una idea clara cuando el Maestro se detiene a pocos metros de las trincheras, dirigiendo sus fulgentes ojos hacia la alta torre de obsidiana donde los Justicia siguen observando el devenir de la batalla.
-¡Justicias! –grita con fuerza– ¡Justicias, invoco vuestra mediación! ¡Los Pactos de Guerra han sido traicionados!
Todas las miradas, desde el último soldado hasta la poderosa Binah, se dirigen a la torre. Si los vigilantes creen que hay motivos para tener en cuenta la denuncia, la batalla quedará paralizada, suspendida hasta la resolución. Una bandera, blanca en caso de aceptarse la reclamación y negra en el contrario, señalará la decisión.
-¡Es mentira! –ruge Binah desde su dirigible de observación– ¡Sabe que está perdido y pretende ganar tiempo!
Ambos Maestros se buscan con la mirada, y hay tanta rabia en sus ojos que un aura rojiza, recorrida por vetas negras, es visible para casi todos los habitantes de la Ciudad en el aire que les separa. El odio es después de todo la unión más segura y permanente entre los hombres.
En lo alto de las torres de observación, los Justicias alzan lanzas de plata en las que se despliegan blancas banderas.

Toda la Ciudad parece respirar. Por ahora.  

ENLACE AL CAPÍTULO 15
LA NOVELA EN AMAZON



viernes, 12 de diciembre de 2014

EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES. TRECE.

https://www.youtube.com/watch?v=7d4qFaHvYeU


 13
Intramuros

Por primera vez en mucho tiempo, Fabián se siente libre, se siente él mismo.
Mientras el ejército avanza al paso, la orden mental de Binah llega claramente. “Transformaos. Atacad, teriántropos, atacad”
Decenas de soldados sonríen al escuchar el mandato, arrojan sus armas y se despojan de sus armaduras, o simplemente las destrozan cuando sus cuerpos crecen, retorciéndose cuando la energía interior se libera.

viernes, 3 de octubre de 2014

PUERTA UNO. EL RENCOR DE LOS DIOSES VIVIENTES. TRES










Tres
Intramuros
La escalera pesa más a cada paso. Tanto que Fabián está tentado de abandonar su forma humana, de recurrir a las fuerzas atesoradas en su cuerpo de lobo. Sin embargo, las órdenes de los amos son claras, y todos ellos deben mantener su aspecto de hombres normales hasta llegar a lo alto de la empalizada. De esta manera, los tiradores no usaran contra ellos las flechas de plata, sino las comunes, incapaces de dañarles.
Los seis teriántropos portan la escala sobre sus hombros, precedidos por un cabo que les abre camino a base de gritos y golpes de látigo entre las filas de infantería. El hombre lobo, en el extremo delantero de la escala, se siente enardecido por el olor a sangre que surge de las espaldas flageladas. Nota cómo sus colmillos rompen las encías, alargándose milímetro a milímetro, y siente el ansia de sangre. Sus ojos se centran en los defensores que, desde lo alto de la muralla, no dejan de arrojar flechas y piedras. Pronto, se dice, vuestra carne será mía. Pronto.

domingo, 6 de julio de 2014

SON 10000






SON 10000

Diez mil visitas. Seis meses. Vaya.
No esperaba que tantos de vosotros cruzaseis estas puertas, ni tan a menudo. Ni siquiera esperaba ser capaz de escribir tanto sobre ellas.
Diré que el mérito que pueda haber en ello es de mucha gente. Desde algunas de las fotos hasta la edición del texto, cada mensaje dándome sugerencias y correcciones, cada visita en las redes... son pequeños empujones, palmaditas en la espalda, alicientes para trabajar. Gracias por ello.

Hoy quiero dejaros aqui  un pequeño guiño de agradecimiento, un juego en el que podéis participar, un huevo de pascua como los que los diseñadores de los primeros videojuegos ocultaban en sus pantallas. Un relato secreto de Silencio, por así llamarlo.

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Para encontrarlo no tenéis más que seguir al conejo blanco y cruzar a través del  espejo, así de fácil y de difícil.
Después de tanto tiempo ya nos vamos conociendo, y sé que sabréis leer entre líneas, seguir al ratoncito por el laberinto hasta encontrar el queso, interpretar las pistas.

El pequeño relato es más bien una broma compartida con vosotros, un guiño, y no tiene que ver con el argumento de lo publicado hasta ahora ni de lo que se publicará en el futuro. Quedan un montón de cosas que publicar en el futuro, por cierto. Pero ahora os dejo con este juego, y no os preocupeis si no encontráis el relato, ya os digo que no rompe la línea argumental. Es sólo mi forma de daros las gracias y tratar de entreteneros. De eso va todo esto, al final.


miércoles, 22 de enero de 2014

PUERTA II. La luna no es suficiente, CAPÍTULO 7.


CAPÍTULO 7, FINAL

Por el temor de quererme
tanto como yo te quiero,
has preferido, primero,
para salvarte, perderme.
Pero está mudo e inerme
tu corazón, de tal suerte
que si no me dejas verte
es por no ver en la mía
la imagen de tu agonía:
porque mi muerte es tu muerte.

Xavier Villaurrutia





Me detuve un par de minutos en el portal, llenando las jeringuillas con el contenido de las ampollas de anestésico. Mis manos temblaban, torpes como un cerdo patinando sobre hielo, pero un par de respiraciones profundas y unas pocas pastillas más fueron suficientes para centrarme en lo que tenía que hacer.
Subí las escaleras despacio, intentando no hacer ruido, zambulléndome a cada paso en el dolor dormido de mis costillas. La anfetamina hacía su efecto, y pese a la boca temblorosa, la sensación de ahogo y la rabia, me sentía fuerte y centrado.

sábado, 18 de enero de 2014

PUERTA II. La luna no es suficiente. CAP 6.


CAPÍTULO 6

No tengo nada contra las religiones, excepto su parecido con el orgasmo, ya que nos  muestran paraísos que no pueden convertir en eternos.

martes, 14 de enero de 2014

PUERTA II. La luna no es suficiente. Cap. 5





CAPÍTULO V

El monstruo llegó hasta la esquina. Me mantuve quieto y en silencio. Atacó a los vagabundos mientras yo escapaba. Llegué al hotel, me armé y conseguí cazar a la bestia. Los vagabundos murieron destrozados, aunque a nadie le importó.

sábado, 11 de enero de 2014

PUERTA II. La luna no es suficiente. Cap. 4





En el año 2013 se han denunciado en Castilla y León 5.949 ataques de lobos en zonas rurales, la inmensa mayoría a reses.
Las autoridades han determinado que el 86,5 % de dichos ataques son, efectivamente, obra de lobos, empujados por el hambre. El 11,5 % se achacan a grupos de perros salvajes, surgidos del abandono de los humanos.
El dos por ciento restante ha quedado "sin determinar por falta de evidencias claras".
Un dos por ciento no es demasiado.
Tal vez, un número tan pequeño que no merezca la pena calcularlo la próxima vez que camines bajo la luz de la luna. Seguramente tengas otras cosas en qué pensar.


"Enfréntate a la bestia con sus propias armas, y descubrirás que no eres tan fuerte"
Seth, en El Señor de las Bestias.



CAPÍTULO IV



El trabajo de detective se basa en unos pocos pilares básicos. Observación, perseverancia, mente abierta y poco más. Como decía Holmes, cuando todo lo imposible ha sido descartado, lo que queda, por improbable que parezca, es la verdad.
Así que cuando aquella imponente mujer se desabrochó la blusa y vi sus grandes pechos agitarse con furia mientras se la arrancaba, cubriéndose de pelo un instante después, la verdad quedó bastante clara.
El rostro de la mujer empezó a moverse dentro de su piel, mientras sus huesos y músculos se reordenaban y sus ojos parecieron encogerse, hundirse en las cuencas, tal vez un efecto óptico debido a la prolongación de su boca en un hocico.
No me quedé a ver el resto de la película.
Traté de levantarme, cogiendo a mi amante fortuita para apartarla de lo que se avecinaba, pero ella aún cerraba con fuerza sus piernas sobre mí, y yo estaba clavado como una mariposa en el tablero de un coleccionista. Como una mariposa muy excitada.
-¡Tenemos que largarnos! –grité a la vez que rodábamos sobre la cama, abrazados, con sus caderas aún moviéndose- ¡Rápido!
Caímos al suelo, con la cama entre la mujer lobo y nosotros, con la chica del bar sobre mí. En lugar de levantarse y salir corriendo, lo que hizo ella fue seguir moviendo sus caderas, saltando con lujuria renovada sobre mí, y la mezcla de terror, excitación y adrenalina convirtieron aquello en la más salvaje experiencia sexual que recuerdo. Duró apenas tres segundos, el tiempo que tardó ella en responder entre jadeos.
-No tienes ningún sitio al que huir, imbécil...
El gruñido ronco que vino del otro lado de la habitación parecía apoyar la idea. Yo tampoco estaba en posición de discutirla.
El siguiente momento fue muy confuso. Al mismo tiempo que ella llegaba al climax, mi cuerpo respondió, derramándome dentro del suyo como una presa que se abre, y ambos nos tensamos en perfecta armonía, mi grito involuntario uniéndose a su chillido de placer, de triunfo, y al aullido de rabioso dolor de la cosa al otro lado de la cama.

miércoles, 8 de enero de 2014

PUERTA II. La luna no es suficiente. Cap. 3

Las bestias, ansiosas de carne, son monstruos que teméis y odiáis. No porque os resulten amenazantes, ajenas, lejanas e incompresibles, sino tal vez porque de cerca, mirándoles a los ojos, podéis entender su ansia, vuestra propia ansia de carne, de calor de sangre compartida, podéis compartir el hambre de ser devorados, y entender tal vez que la única diferencia es que la bestia, honesta hacia su propia naturaleza, asume su forma y vive, plena, fuerte y egoísta, sin mentirse ni mentir a otros.



CAPÍTULO III





Encendí mi móvil al salir de casa de María, y en unos segundos me llegó un mensaje de mi contacto en la policía. Me informaba del hallazgo de un nuevo cadáver, otra prostituta que trabajaba en la misma zona que las primeras, y que había muerto en parecidas circunstancias la noche anterior, aunque la habían encontrado durante la tarde del día de hoy. La escena, esta vez, no era una habitación de hotel, sino un callejón de la zona de Cantarranas.
Me colgué al cuello la cadena de plata y me dirigí al escenario del crimen, aunque sabía que la poli no iba a dejarme meter el hocico por allí.
Atardecía ya, uno de esos atardeceres de septiembre que parecen crema espesa en un cielo sucio, y la llegada de la noche no era un buen augurio. El lobo había atacado la noche anterior, y supuse que estaría enfebrecido de sangre y ansia.

lunes, 6 de enero de 2014

PUERTA II :"La luna no es suficiente" Cap.2

Nunca está de más llevar una luz en la mano cuando nos adentramos en las sombras. Por eso este capítulo pretende ser esa luz, una vela temblorosa y pequeña, muy pequeña, que pueda servir para entender un poco lo que hay en la oscuridad.
Un recuerdo de que no hay que temer a la oscuridad, sino lo que en ella se esconde.



CAPÍTULO II.

-¿Qué quiere decir cuando se refiere a un “hombre lobo”, señor Silencio?
La señora de la casa, a la que llamaré María, me miraba desde su pulcro sofá mientras sujetaba su bebida. Si hubiera sido un té, la cosa resultaría muy miss Marple, pero el estado de nerviosa postración en que se encontraba tras la muerte de su hija la había llevado al gintonic mañanero sin ningún pudor.
Yo me serví un Cardhu, y me di un tiempo para disfrutar su profundo sabor a madera. O lo que yo considero sabor a madera, claro, no voy por la vida chupando muebles.
-Usted ya sospechaba algo fuera de lo normal, señora. Por eso me buscó a mí en lugar de a un detective más corriente. Estoy seguro de que se trata de un hombre, porque el componente sexual entre los preternaturales es tan común como entre los humanos.
-¿Cree que mi hija fue... atacada sexualmente?
Me apresuré a sacudir la cabeza, negando la posibilidad. Aunque no seria extraño que el hombre lobo hubiese violado a las víctimas, saberlo no ayudaría a mi cliente.  Bastante tenía la pobre mujer. Dio un sorbo a su copa mientras yo continuaba con mi explicación.
-Estos seres son más comunes de lo que la gente cree, señora. No se trata sólo de personajes de películas y libros. He cazado a unos cuantos, y estoy seguro de que aquí tenemos a un hombre lobo, alguien capaz de transformarse en mitad humano, mitad animal. Con la fuerza suficiente como para hacer lo que le hizo a esas chicas, y la rabia, la falta de escrúpulos necesarias para que no le importe hacerlo.
En su forma humana, será un tipo normal, el vecino soltero y solitario con el que nos cruzamos todos los días, un poco hosco y con tendencia al mal humor. Rabioso, frustrado por algún motivo. Pero cuando cruza el velo, cuando esa fuerza se manifiesta...  se convierte en una bestia guiada por instintos.
-¿Con la luna llena?
-No es imprescindible. Es una cuestión de cómo de fuerte es.

viernes, 3 de enero de 2014

PUERTA II : "La luna no es suficiente" Cap.1




Siempre se puede aprender de la luna. Siempre se puede aprender de la noche. Siempre se puede aprender de lo que no hicimos. Pero es mejor arrepentirse de lo que hicimos, aunque cada noche, por nuestros poros suden males en licuadas pesadillas sin entrañas. En esas nos veremos.


LA LUNA NO ES SUFICIENTE
Capítulo I

Si fuera un álamo, una luna, un dios luciente... Más sólo soy un hombre en la ladera, un hombre sólo, apasionadamente.

Vicente Gaos.


Mi nombre es Jonathan Silencio, y mi trabajo es que sigáis creyendo que vivís a salvo. Ambas cosas son falsas.
Escogí ese nombre por el personaje de Algernon Blackwood, un investigador de lo oculto que él llamó J. Silence, cuando volví de la muerte. En aquel momento, y aún hoy, yo no tenía memoria de mi pasado, ni recordaba mi nombre o cualquier otro dato sobre mi vida. Así que escogí ese nombre, que después de todo pegaba con mi nuevo trabajo.
Soy detective, investigador, guardián, cazador, como se quiera llamar. Investigo lo que otros ignoran, me muevo por las sombras de la noche para cazar lo que, de otro modo, os cazaría a vosotros. Y tampoco se me caen los anillos por buscar a vuestro perrito o sacar fotos de vuestro marido y su amante, si pagáis bien.
Llevaba cuatro noches pateándome las calles de Valladolid, buscando pistas sobre una serie de asesinatos que la policía achacó primero a bandas callejeras y después a perros callejeros. Eran tan inútiles que su siguiente paso sería culpar a planos callejeros, pero por suerte, a mí me contrataron antes.
La madre de una de las muchachas muertas había decidido que, tras dos meses sin pistas, la policía no iba a conseguir nada, y que contratar a un tipo discreto y con experiencia sería lo mejor.
La madre, cuyo nombre omitiré, había visto el cadáver de su hija antes de que los forenses lo arreglasen. Fue ella la que lo encontró, en la cochera de la familia, sobre y bajo el coche de la familia, y un poco en las paredes de la cochera de la familia.
La noche del sábado, la chica salió con sus amigas a tomar unas copas y bailar. Según las declaraciones de estas amigas a la policía y mis conversaciones con ellas, se perdieron de vista en la zona de Cantarranas, y cuando intentaron contactar con ella, el teléfono de la víctima estaba apagado.
Al parecer, alguien la siguió desde la zona de bares hasta su casa, y ella fue atacada al entrar por la cochera. Yo suponía que no usó la puerta principal porque la cochera quedaba más cerca de su habitación y no quería despertar a sus padres, aunque ese era un detalle menor. Simplemente, no me gustan los cabos sueltos.

Las anteriores víctimas, según los informes policiales que un agente más amigo del dinero que de la honradez me había fotocopiado, fueron tres prostitutas, muertas en dos noches diferentes del mes de agosto. La policía pensó que se trataba de una lucha entre bandas rivales, y que las putas murieron en alguna revancha o aviso de una banda hacia la otra. Un enfrentamiento por el territorio, una llamada de atención para las demás chicas de la calle. Algo así.
Esto habría tenido algo de sentido si las víctimas hubieran muerto tiroteadas, rajadas o algo así, pero no era el caso. Las tres murieron de la misma manera. Encerradas en una habitación, una de ellas sola, y las otras dos juntas la noche siguiente, fueron atacadas por perros que destrozaron sus gargantas y las destriparon. Imagino que no fueron muertes rápidas ni fáciles.
La teoría de la poli era muy simple. Los miembros de la banda A, tratando de asustar a las chicas que trabajan para la banda B, secuestran a un par de putas, las encierran en una habitación de hotel, sueltan a los perros y dan un escarmiento, dejando allí el mondongo.
La teoría de la poli era una gilipollez.
En primer lugar, meter a uno o más perros de buen tamaño en un hotel, por mucho que fuese una pensión de mala muerte, no es algo que se haga discretamente. Además, las chicas trabajaban para la banda B, unos rumanos bastante chungos, y estaban en su zona. Entrar en territorio de una banda enemiga con perros salvajes y gente suficiente como para controlar a dos rehenes a la vez... vaya, eso en mi barrio es pelea.

Yo estaba en mi habitación de La Cueva, una hostelería bastante decente, con la ventaja de que sólo tiene dos pisos y se puede saltar desde el balcón y huir por la calle Correos o por Campanas, y perderse en las estrechas calles circundantes si las cartas vienen mal repartidas.
Llevaba cuatro cigarros y un par de Jack Daniels cuando conseguí entrar en el ordenador de la Poli y ver las fotos de las escenas del crimen. Mi contacto en la policía pedía demasiado por ellas, y la pensión tienen wifi, así que tomé el camino difícil.
Acabé el bourbon de un trago al ver la habitación con los cadáveres de las dos chicas. Era como si alguien hubiese lanzado dos Monster Hiigh y un kilo de albóndigas contra el ventilador del techo. Hice de tripas corazón, como alguien había hecho ya con ellas, y examiné las fotos con toda la objetividad posible. Me costó otra copa.
Aquello era tan salvaje que habría hecho vomitar a los perros.
Además, si uno se fijaba en las marcas de zarpas de la pared y los desgarrones de los colchones, estaba claro que aquello no era obra de ningún perro.
La única conclusión posible, la que jamás se plantearía la Policía, era la que yo confirmé al ver aquellas fotos de la habitación, por cuyas ventanas se veía claramente una luna menguante.

Había un hombre lobo cazando en Valladolid.

ENLACE AL CAPÍTULO 2



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